Madre lucha por sostener a su hijo con demencia en confinamiento y a su esposo enfermo

SAN FRANCISCO DE MACORÍS. – En una pequeña vivienda marcada por la precariedad y el humo del fogón, una madre dominicana vive una realidad desgarradora: el cuidado absoluto de su hijo de 41 años, quien padece una condición mental severa que lo mantiene en confinamiento, y de su esposo, quien se encuentra prácticamente inválido.

El hijo de la mujer, cuya identidad se mantiene bajo reserva, ha pasado más de 30 años en una situación de aislamiento debido a crisis mentales que lo vuelven incontrolable. «Me escupe, me tira las heces encima, me dice que me va a matar, pero yo no le doy un golpe porque sé que no tiene sus cinco sentidos», relata la madre con resignación.

La habitación donde permanece el hombre fue construida gracias a la solidaridad de una amiga, ya que la familia carece de recursos básicos. A pesar de sus 41 años, su madre lo describe como «un niño» que nunca pudo disfrutar de su juventud.

El hambre: un enemigo constante

Uno de los mayores desafíos diarios es la alimentación. Según el testimonio, su hijo pide comida constantemente. «Si le matan una vaca, se la come… a cada rato pide café, pan, leche», explica. Sin un empleo y con un esposo diabético que quedó incapacitado tras un accidente laboral, la mujer depende de la caridad de vecinos y conocidos.

Solidaridad comunitaria

Ante la falta de una ayuda estatal significativa —más allá de una tarjeta de subsidio que «no da para nada» —, la comunidad ha salido al rescate:

Recolección de botellas: El esposo, a pesar de sus dolencias de espalda y movilidad reducida, recolecta botellas que la gente le lleva. Las vende a 2 pesos para obtener algo de sustento.

Apoyo escolar: Empleados de una escuela cercana le llevan pan y leche cuando los niños no consumen todo el desayuno escolar.

Leña y alimentos: Amigos y vecinos le suministran leña para cocinar y pequeñas donaciones de dinero para comprar víveres básicos.

Un llamado a la asistencia

La familia vive en condiciones de extrema vulnerabilidad. La madre, quien también sufre dolores de espalda por caídas y el esfuerzo físico de cuidar a dos adultos dependientes, clama por una mejor condición de vida, especialmente un colchón adecuado para su hijo (preferiblemente plástico para facilitar la higiene) y una mejora en su vivienda de madera y zinc que se filtra cuando llueve.

Esta historia es un reflejo de las carencias en el sistema de salud mental y seguridad social en las zonas más humildes de San Francisco de Macorís, donde el amor de una madre es lo único que mantiene en pie a una familia olvidada.

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Escrito Por Redaccion
Tuesday, February 24, 2026
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